De forma constante estamos haciendo predicciones sobre lo que va a ocurrir en nuestra vida a corto, medio y largo plazo, y cuando aparece algún elemento que no podemos “manejar”, esa incertidumbre nos incomoda.
Como forma de reducir ese malestar, creamos el hábito de controlar, atar, saber qué puede ir aconteciendo, porque así rellenamos aparentemente el hueco de información que genera la incertidumbre.
Controlamos a quienes están a nuestro alrededor, también la prevención en sus vidas, porque proyectamos en ellos nuestra agitación, y esto tiene un gran coste, vivimos en tensión, desgaste y socava nuestra paz.
Hay dos distinciones que podemos manejar en este asunto: aquello que depende de mi, que está en mi área de influencia y lo que está más allá de esa área.
Dentro de mi círculo de influencia están mis decisiones personales de todo tipo: en qué voy a ocuparme, de qué me alimentaré, haré o no ejercicio, a qué labor dedicaré mi vida, formaré o no una familia…
Fuera de mi círculo de influencia, curiosamente están aquellas cosas a las que más tiempo suelo invertir: qué pensarán de mí, política, conflictos sociales, vaticinar catástrofes, quejas..
Reducir la incertidumbre, es el origen parcialmente de muchos de nuestros modelos mágicos, cargados de amuletos, días de la suerte, jerseys con el que aprobaré un examen, rumia constante..
Cuidado con respaldarte en la Responsabilidad para justificar que “necesitas tenerlo todo atado”
¿Dónde estoy llevando mi atención ahora, a lo que sí puedo influenciar o aquello que está más allá de mi?
No cargues sobre tí aquello que no te corresponde, porque no te va hacer más fuerte, pero sí vivir de forma más tensa.




