Puedes responder en tu vida a un patrón y es el de continuamente entregar, hacer muchos favores, estar disponible..aunque tienes la sensación de recibir poco, e incluso de en ocasiones, una ingratitud inexplicable.

El “regalo” no existe. En toda cultura, en toda época, lo que llamamos “regalo” (en sus múltiples formas) crea una “deuda invisible” en quien lo recibe, y eso es como una sensación incómoda: una pequeña piedra en el zapato del receptor.

El sentimiento de deuda por parte de receptor, lo confronta a “devolverlo”, lo que genera un coste; u otra salida más cómoda es convencerse que “no era para tanto” , restarle valor o que tú ganabas algo a cambio. También puede influir, la habituación de ello, porque es lo que se espera de tí.

En ocasiones actuamos para los demás como “la luz del salón” a la que nadie da las gracias por iluminar y sólo se acuerda de ella cuando se va.

Es común que la persona “virtuosa” pueda incomodar, ya que es el recuerdo para muchas personas de cómo podrían comportarse y no lo hacen. Este sentir mantenido, se puede convertir en hostilidad e incluso odio.

Hay dos cosas que solemos confundir: Estima y Respeto. La Estima suele conseguirse a través de mostrarse simpático, disponible, complaciente, entregado .. Respeto, se forja poniendo límites a todo ello, filtrando los beneficiarios, empleando criterios de “Si o No”.

Cuanto más busques la Estima, más destruyes el Respeto, porque si siempre dices “Si” a todo, te conviertes en una “Función”, y lo que se usa se sustituye rápidamente, en cuanto aparece algo mejor.

 

¿En las relaciones en tu vida, cuánto tiempo llevas siendo función en lugar de persona?

¿En cuantas decisiones has dicho “Si”, mientras todo tu cuerpo te pedía decir “No”?

¿Cuántas ocasiones has temido dejar de existir para los demás, si dejabas de dar?

 

Si me vuelvo entero, sin criterio a quien, dejo de tener valor, incluso para mi.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *