Gestionar el día a día es complejo, sobre todo, porque nos vemos queramos o no inmersos en contingencias que algunas podemos controlar, y otras que están más allá de ese control, pero que en ocasiones condicionan mucho una buena parte de los asuntos vitales.
Así, la incomodidad, el dolor, el sufrimiento entran dentro del repertorio de respuestas que ofrecemos. En ocasiones nos desbordan y no sabemos bien como manejarlos, y entramos en una dinámica en que las cosas pueden escalar a grados considerables.
Es aqui donde teóricamente las personas deberíamos de tener acceso a apoyos para lidiar con este tipo de gestiones, porque como comentaba al principio, lo que en una época podría formar parte de algo “asumible”, hoy no lo consideramos así.
Lo que encuentro, es que hay mucho profesional dedicado a atender todos estos asuntos, pero sus legítimos honorarios demandados, están al alcance de poder satisfacerse por parte de un pequeño porcentaje de la población, quedando excluida la mayoría.
Los servicios públicos destinan muy pocos recursos para paliar esta situación, y la atención que se presta es muy reducida, quedando relegada a la farmacología o si es personalizada en trabajo terapéutico, con una periodicidad inadmisible, porque su eficiencia es casi nula.
Dentro de todo este contexto cuando escucho a profesionales de la psicología, hablar con desdén de los denominados “libros de autoayuda” o “conductas recomendadas para calmar, reducir ese malestar”, calificándolas casi como “brujerías muy poco profesionales o sin el aval científico necesario”, me parece doblemente insultante. Porque básicamente están culpabilizando a una población, que hace lo que puede para gestionar mejor su vida dentro de los medios que puede permitirse y tiene a su alcance.
Ahora bien, ¿ellos al margen que en sus consultas puedan desempeñarse como impecables profesionales, están teniendo en cuenta a todas las personas que no disponen de recursos para acceder a los mismos?, ¿cuál es la alternativa que ellos están ofreciendo?
Creo que todos podemos aportar, facilitar las cosas para que el máximo número de personas puedan beneficiarse, entendiendo que para poderlo hacer, también es necesario, justo, recibir una remuneración; y hoy por hoy, sólo podemos atender a esta opción, porque esperar que los políticos se hagan sensibles, comprometidos con esta problemática, no la vislumbro por ninguna parte.




