Hay una idea muy común, asumida culturalmente por la que las “experiencias dolorosas nos hacen más sabios”, es más,  que “sin esas experiencias dolorosas no vas a crecer, mejorar”, ¿te suena de algo aquello de “la letra con sangre entra”?

No existe ninguna épica en el dolor de por sí.  El pensar que si “algo dolió, algo se ganó”, no es certero, ni que para que exista un aprendizaje, el dolor debe de estar incluido en el, como garantía de éxito.

Aquí de lo que estoy hablando, son de experiencias, de situaciones que pasamos vitalmente, en las que en ocasiones el “adaptarte” a esa situación, no significa que estés “creciendo”, porque simplemente puede derivarse a una resignación, ya que  resulta que no hay alternativas y las que pruebas se vuelven inútiles.

No toda cicatriz cuenta una historia de superación, ni toda herida necesita un propósito. No siempre hay una ganancia, puede que  sólo haya  aprendido a aceptarla, sin más.

El aprendizaje, en ocasiones, lo podemos hacer de forma natural, sin ser conscientes del proceso por el que hemos transitado hasta su culminación. En otras ocasiones habrá que invocarlo, al de forma consciente valorar, significar qué es lo que hiciste para mantenerte en esa situación y eso hay que hacerlo de forma intencionada.

Puedo relacionarme con las experiencias, con el pasado, desde algo que tengo ahí disponible, para poder potencialmente “aprender” y eso me puede ser muy útil, hay mucho potencial en ello, aunque el no hacerlo tampoco significa que “he desperdiciado la ocasión”, porque simplemente es solo una opción.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *