El desarrollo de una “Conciencia” de que quien soy es: “ese que se dá cuenta que está pensando”, “ese que se da cuenta que está sintiendo”, “ese que se dá cuenta de lo que está haciendo”, ese director de orquesta desde su atril contemplándola y conduciéndola, no es fácil, porque hemos sido entrenados, no para permanecer de forma objetiva en ese atril, sino para confundirnos con ella.

Hay mucho mensaje romantizando con  la “Desconexión”: apagar el móvil, salir al campo, un paseo por la playa, aquello de “reencontrarse con uno en el silencio”; como si por el mero hecho mecánico de hacerlo, estuviese todo el proceso recorrido y culminado, pero no, las conductas no desaparecen porque sí.

Las conductas, convertidas en hábitos, de permanecer de forma constante “en el hacer”, no es moderno, es algo en lo que tenemos mucho entrenamiento, ya que desde el primer momento vivimos en un contexto, en el que todo invita a ello; es más, si no te sumas, eso tendrá unas consecuencias, y no precisamente agradables.

En una selva sobrevive aquel que se mantiene atento hacia el exterior, el que su atención está “dispersa”, buscando elementos de peligro, para sobrevivir; y un poco nosotros nos comportamos así. Nuestra atención suele permanecer dispersa hacia el exterior, en actividades -algunas- que nos permiten sobrevivir y otras que nos aportan otros tipo de beneficios; por lo que cuando las detenemos, no sabemos cómo lidiar, con aquello que encontramos.

Cuando desaparece el estímulo externo, aparece el paisaje interno, y resulta que en ese paisaje, no he aprendido a verlo desde la distancia, sino que formo parte de él, y me resulta muy incómodo  vivir dentro de un montón de pensamientos taladrantes, emociones que van y vienen..con lo que lo más probable, es que vuelva a ocuparme en activar cosas del exterior.

Se dice que “en el silencio no siempre hay paz, a veces hay verdad”, y eso que puedes “notar” hay que aprender a manejarlo, porque puede que la cosa sea demasiado grande y no sepas manejarla, o te sorprenda o sencillamente te está hablando en unos códigos que no sabes traducir y  con los que no sabes qué hacer.

Aprender a reconocer e instalarme en esa “Conciencia que se da cuenta de sus propios procesos y es capaz de describirla” es una de las habilidades que hay que aprender, para después saber cómo manejar de una forma mucho más óptima todo aquello con lo que me relaciono. 

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