En la cultura, los contextos donde vivimos, nos desarrollamos,  se generan una serie de mantras que suelen quedar “muy resultones”, aunque cuando se someten a un mínimo de consideración, puede ocurrir como el efecto de un ambientador, que sí, que huele muy bien, pero la suciedad no ha desaparecido.

En nuestro entorno se favorece al menos a nivel teórico,  la autosuficiencia, el rendimiento y el individualismo extremo. Pareciera como si la «soledad» fuese el culmen del desarrollo personal, cuando la soledad en sí, no es ni buena ni mala, sino que lo que se puede evaluar es el cómo ella está funcionando en tu vida, y a qué está respondiendo.

Es probable que en Instagram o en esos azucarillos que te ponen con el café te hayas encontrado con frases así: “Tienes que aprender a estar solo”, “Tienes que aprender a disfrutar de tu propia compañía”, “Si no te bastas a tí mismo, no estás preparado para una relación”;  muy bien intencionados, pero que desvían la atención de lo que probablemente esté ocurriendo.

La persona puede que en su historia de aprendizaje haya asumido, que “se le castigó porque necesitaba a otros”,  o “vincularse a otros le dolió”, o “pedir ayuda generó culpa y malestar”, así  que optó por la soledad, ya que no aprendió a “vincularse” y así abrazó la soledad, donde encontró su seguridad.

Por lo que muchas personas no están “aprendiendo a estar solas”, lo que han aprendido y ejercitado es a evitar el vínculo, han interiorizado que conectar es peligroso, inútil o decepcionante.

Como forma de explicártelo a tí mismo puede resultar  mas sencillo el “prefiero estar solo”, que asumir que en los vínculos que tuviste no te enseñaron a sentirte seguro con los otros.

Puede resultar más fácil pensar “no necesito a nadie” que reconocer que nunca te sentiste necesitado por nadie;  o como una forma de evitar sentirte vulnerable y una reacción frente a un posible rechazo.

Lo que sí podemos es aprender a vincularnos, porque eso sí que nos puede hacer más fuertes emocionalmente, aprender a estar en paz contigo cuando no te sientes débil con el otro, soltar el miedo al rechazo o aprender a estar con otros, sin tú desaparecer. Aprender a elegir como, cuando y con quien.

Aprender a vincularme, sin perderme.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *