En cualquier discusión que puedo generar en pareja, amigos, hay dos versiones: la mía y la equivocada, que como ya habrás supuesto, siempre es la del otro.
Si yo: “levanto la voz” es “porque tengo mis motivos para estar harto”; pero sí tú lo haces es “porque no sabes controlarte” ó si “yo me callo, es para no empeorar las cosas”, pero si tú te callas, “es porque pasas de todo”
Forma parte de la “atribución”, una doble vara de medir que de forma automatizada utilizamos para:
Cuando yo me juzgo a mí mismo, miro el contexto
Cuando te juzgo a ti, miro tu personalidad
Es como revestirse, auto afirmarse en que mis errores, son comprensibles por las circunstancias, pero los tuyos, es por cómo eres.
También ocurre, cuando me pregunto acerca de la Intencionalidad que yo he tenido, o que tú has podido tener: “hice esto porque pensé que…”, pero la tuya la resumo en: “lo hiciste, porque querías fastidiarme (y punto)”
Volvemos al punto de cuando yo trato de apuntalar mis acciones de todo tipo, lo hago atendiendo a toda la historia, introduzco matices, el contexto donde se dio y las razones que a mi me parecen justificarla . Sin embargo, contigo lo que hago es buscar una intención directa y poco elaborada.
Esto lo que revela es que de mí , del otro, sólo veo lo que hace desde fuera, y a partir de ahí, construyo un relato, una historia que le dé sentido, rápida, simple y en muchas ocasiones injusta.
Cuando me siento frente a ti, comienzo el proceso de construir una versión de tu comportamiento sin tener acceso a toda la información que lo rodea. De mí sé lo que me pasa, de ti solo veo lo que haces.




