Aprendemos cómo es el entorno al que hemos llegado. Respondemos a estímulos de todo tipo que recibimos, también a manipular el mundo, para conseguir aquello que cubre nuestras necesidades. Así, vamos construyendo un “historial de aprendizaje” influenciado por muchos factores: entorno, figuras de autoridad, cultura, educación, valores inducidos…
Lo que hacemos, nuestras conductas, las hemos aprendido, cumplen una función que para nosotros nos es útil, son adaptativas, al menos a corto plazo, aunque a la larga puedan convertirse en problemáticas.
Evitar hacer algo, procrastinar una tarea, discutir, decir “si a todo”..es aprendido, porque en su momento, nos sirvieron por que la función se cumplió exitosamente: alivió nuestra ansiedad, la culpa, el miedo, rebajó el nivel de incertidumbre, de vulnerabilidad.. aunque a la larga, el contexto puede que haya cambiado, y esté jugando en contra nuestra.
Para nosotros aliviar la ansiedad, hacer de nuestra vida algo controlable, predecible, evitar conflictos o conservar vínculos, parecen muy buenas razones, para desarrollar conductas con las que podamos alcanzarlos. La cuestión es cómo ellas a largo plazo están resultando, ¿qué precio estoy pagando?, y si ¿sólo hay esa forma, esa conducta de obtenerlo?
Comprender esto, donde se originaron, a qué necesidad respondieron, como me ha influenciado a largo plazo. Qué hay hoy en mi entorno que continúa manteniéndolas activas, qué adaptación consigo con ellas..¿Quiero de forma intencionada que continúen estando en mi abanico de opciones, qué estoy reforzando al hacerlas, qué estoy consiguiendo?
Como se puede inducir, la personalización en cada individuo, es esencial para explicar: cuándo, cómo, dónde, porqué y para qué, en su momento fué, continúa siendo, y que quiero hacer. Una técnica de “modificación de conductas” puede que obtenga resultados, pero por su propia naturaleza, generalizan, no particularizan, con lo que la probabilidad que no lo haga es alta.




